miércoles 19 de noviembre de 2008

Alicia

No sé cómo, pero he pasado día en mi impenitente calendario de pared y me he acordado, de repente, de una fecha. Yo que soy tan malo con esas cosas. Y me ha venido a la cabeza cierto lunes lluvioso de noviembre en el que empezó este tinglado. Y me reconozco, y no, en aquellas letras, tan lejanas, pero menos en tiempo, quizá, que en circunstancias. Ahora todo es muy distinto, y no hay nubes, ni lluvia, ni nada que me impida observar en estas noches la majestuosa alineación astral de Venus y Jupiter. Por eso creo que no cerraré un circulo. No. Eso sería haber llegado a un punto de origen inexistente. Irrepetible. Más bien, este cíclico invento llamado tiempo, me permite observarme en la distancia, desde otra línea de la infinita espiral que es la vida. Ahora no sé si voy hacia fuera o hacia dentro de ella.
Cuando pienso que aquella noche lluviosa fue o xermolo (lo siento, no sé como se dice en castellano) de todo, no puedo dejar de plantearme que hechos, en principio, insignificantes, se convierten, con el tiempo, en trascendentales. Fue así como te conocí. Así no. Más bien, por medio de. Fue así como se ha transformado mi vida, de tal forma que he perdido las ganas de contarla, y sólo tengo deseos de vivirla. Y es por eso que éste, mi laberinto, se encuentra tan fantasmagóricamente abandonado, que no quedan apenas que ecos hechos entradas de alguien, yo, que un día habitó en él.
Esta quedando demasiado largo, y he ganado la suficiente experiencia para saber que las entradas largas no se llegan nunca a leer completas. Si hasta aquí has llegado, sepas, mi fiel amigo, que has sido compañero de un trecho de este camino mío. Nos vemos en Ítaca.
Disfruten. Sean felices.


miércoles 15 de octubre de 2008

El vigía

Más tu medio limón, empero...
Ahora sólo quiero
dibujar un puente de colores,
entre la tierra que pisas y la mía.
Reanudar los caminos
que conducen a tus ojos,
galopando el viento en el caballo de la lluvia.
Delinear tu cuerpo
en aquel sueño que soñaste,
olvidar por siempre que estás lejos todavía.
Conquistar este otoño que preludia
el silencio de este árbol ya vencido.
Ahora sólo quiero
sentir el paso tibio que tu ausencia
enciende esta tarde mi escritura.

(Pretendí ser canción y una vez más
me hallo descifrando la memoria,
palpando el firmamento que me escondo.)

Boomp3.com

... el verde se está secando, y el viento sur se demora, pero yo sigo esperando que lleguen cantando la lluvia
y mi hora...


martes 14 de octubre de 2008

Ella

Ella

¿No la conocéis? Entonces
imaginadla, soñadla.
¿Quién será capaz de hacer
el retrato de la amada?

Yo sólo podría hablaros
vagamente de su lánguida
figura, de su aureola
triste, profunda y romántica.

Os diría que sus trenzas
rizadas sobre la espalda
son tan negras que iluminan
en la noche. Que cuando anda,

no parece que se apoya,
flota, navega, resbala...
Os hablaría de un gesto
muy suyo..., de sus palabras,

a la vez desdén y mimo,
a un tiempo reproche y lágrimas,
distantes como en un éxtasis,
como en un beso cercanas...

Pero no: cerrad los ojos,
imaginadla, soñadla,
reflejada en el cambiante
espejo de vuestra alma.

Gerardo Diego

lunes 6 de octubre de 2008

Doscientos huesos...

A mí tampoco me gustan los lunes. Paso las horas asomado a la ventana, como tratando de avistar tierra tras el profundo horizonte plomizo, y ni tan siquiera un trozo de madera ilusiona mi esperanza. Las gaviotas se han ido con el viento de otoño. Que lejos estás. Malditos lunes.
Y vuelve a llover de nuevo, o de viejo. Palabras mudas, ladridos huecos. Y mis árboles vuelven a ceder al cruento temporal. Saben que es su única posibilidad de sobrevivir. Me cuentan que conocieron a uno que se mantenía imperturbable a las ventiscas, pero que ya no está. Que se marchó una negra noche de invierno. Yo sé que esta noche no han de callar.
Olvido la distancia, y encuentro tu silencio. Sordo. En breve tu espectral presencia inunda mi casa. Y mi vida. Pero es fría. Como la noche de este lunes de invierno. Que poco me gustan los lunes. Están consiguiendo ponerme triste. Ya paro.

Boomp3.com

Doscientos huesos y un colar de calaveras.- Bunbury
Tus doscientos huesos y un collar de calaveras
para que sepa volver y volverte a encontrar,
deja que pueda traer alivio a tu boca tonight,
y no desaproveches una buena erección.

Cada palabra tuya cual imagen devota
y la lluvia cayendo por el borde de mi sombrero
y empapándote todita tu camiseta,
un buen verso quizá sea el lado valiente de un cobarde.

Destinos cruzados,
destinos cruzados.

Mi habilidad ejerzo para no mentir más de la cuenta
y para construirte una suite en campo santo
carnaval de carne y vendaval
y tu mente como una colmena en secreta actividad
mis pensamientos paralizan mi voluntad
y tú regando mi jardín
un día de lluvia torrencial
la mejor compañía para estados de ánimo peligrosos

Destinos cruzados,destinos cruzados
y yo que he dormido a tu lado puedo afirmar
que hasta las pequeñas discusiones
fueron contigo algo estupendo.