No sé cómo, pero he pasado día en mi impenitente calendario de pared y me he acordado, de repente, de una fecha. Yo que soy tan malo con esas cosas. Y me ha venido a la cabeza cierto lunes lluvioso de noviembre en el que empezó este tinglado. Y me reconozco, y no, en aquellas letras, tan lejanas, pero menos en tiempo, quizá, que en circunstancias. Ahora todo es muy distinto, y no hay nubes, ni lluvia, ni nada que me impida observar en estas noches la majestuosa alineación astral de Venus y Jupiter. Por eso creo que no cerraré un circulo. No. Eso sería haber llegado a un punto de origen inexistente. Irrepetible. Más bien, este cíclico invento llamado tiempo, me permite observarme en la distancia, desde otra línea de la infinita espiral que es la vida. Ahora no sé si voy hacia fuera o hacia dentro de ella.Cuando pienso que aquella noche lluviosa fue o xermolo (lo siento, no sé como se dice en castellano) de todo, no puedo dejar de plantearme que hechos, en principio, insignificantes, se convierten, con el tiempo, en trascendentales. Fue así como te conocí. Así no. Más bien, por medio de. Fue así como se ha transformado mi vida, de tal forma que he perdido las ganas de contarla, y sólo tengo deseos de vivirla. Y es por eso que éste, mi laberinto, se encuentra tan fantasmagóricamente abandonado, que no quedan apenas que ecos hechos entradas de alguien, yo, que un día habitó en él.
Esta quedando demasiado largo, y he ganado la suficiente experiencia para saber que las entradas largas no se llegan nunca a leer completas. Si hasta aquí has llegado, sepas, mi fiel amigo, que has sido compañero de un trecho de este camino mío. Nos vemos en Ítaca.
Disfruten. Sean felices.
Esta quedando demasiado largo, y he ganado la suficiente experiencia para saber que las entradas largas no se llegan nunca a leer completas. Si hasta aquí has llegado, sepas, mi fiel amigo, que has sido compañero de un trecho de este camino mío. Nos vemos en Ítaca.
Disfruten. Sean felices.

A mí tampoco me gustan los lunes. Paso las horas asomado a la ventana, como tratando de avistar tierra tras el profundo horizonte plomizo, y ni tan siquiera un trozo de madera ilusiona mi esperanza. Las gaviotas se han ido con el viento de otoño. Que lejos estás. Malditos lunes.