Me conformo a encontrarte entre mis letras, me condeno con pensarte imprescindible, me asusta el sentirme acompañado, me obceco en alistarte entre mis sueños, me pierdo al buscarte entre la gente, me duele no tenerte entre mis brazos, me olvido que tal vez nunca existieras, me niego a sentenciarte a mi pasado, me extraño al escuchar cada latido.Extremoduro.- A fuego
A fuego lento no se calientan mis huesos
y bajé al infierno a ver cómo se cuecen tus besos
cansado de buscar un trocito de cielo
lleno de pelos.
Y a deshora sale un sol alumbrando una esquina y alegrándome el día
¿Dónde están los besos que te debo?
En una cajita;
que nunca llevo el corazón encima
por si me lo quitan.
Me salgo de mi casa,
me estrello contra la acera;
no puedo recordar qué clase de mundo hay fuera:
salté por la ventana buscando una liana
-¡Árbol va!- y Tarzán al suelo.
Y harto de buscarte siempre a oscuras
y de volverme en puro hielo
tiré toda mi vida a la basura,
y ni las ratas se la comieron.
Nadie me persigue pero yo acelero.
Llaman a mi puerta y yo ya a nadie espero.
Pero ¿dónde están los besos que te debo?
En una cajita;
que nunca llevo el corazón encima
por si me lo quitan.
Pero ¿dónde están los besos que me debes?
En cualquier esquina,
cansados de vivir en tu boquita
siempre a la deriva
Y llega en tu braguita el amor de visita
y en mis pantalones entre los cojones.
Voy a tatuarme ,azul, una casita
para que allí vivan nuestros corazones.
Y a deshora sale un sol alumbrando una esquina y alegrándome el día.
¿Dónde están los besos que te debo?
En una cajita;
que nunca llevo el corazón encima
por si me lo quitan.
Pero ¿Dónde están los besos que me debes?
En cualquier esquina,
cansados de vivir en tu boquita
siempre a la deriva
Cuando ya no puedo más saco para respirar
un ratito el corazón, que lo tengo en carne viva;
sólo un poco de calor hace que me vuelva a la vida
y lo pongo a secar al sol escondido en un renglón.
Y a deshora sale el sol alumbrando una esquina y alegrándome el día.
¿Dónde están los besos que te debo...?
Puede que las historias que aquí se cuenten sean inventadas. No obstante siempre he pensado que algo que es contado, por ese simple hecho, ya tiene cierto componente de realidad, porque la materia de la que se nutre cualquier cuento es de la experiencia, bien propia, bien ajena y anteriormente transmitida y recibida por aquel que lo escribe o lo dice. Éste no es el caso. Puedo jurar por mi honor que esta sencilla historia vital es real, como real es el tiempo que mascullé juzgando la conveniencia de contar algo ajeno a mí, que me fue regalado, no para ser difundido, ni alardeado, sino como una simple explicación al hecho de que dos personas se encuentren en el mismo instante en idéntico espacio. Comienzo.
Cuenta la leyenda, que uno de los mágicos poderes que poseía uno de los más grandes seres de la mitología, esto es, el unicornio, era que allí dónde detuviese su espectral presencia para apaciguar su sed, quedaban purificadas sus aguas. No importaba lo pútridas ni contaminadas que pudiesen estar. Incluso cuentan que eran capaces de crear colosales lagos glaciares en lugares donde anteriormente había oscuras y nebulosas ciénagas, de transformar negras escorrentías fecales en luminosos ríos llenos de vida. Tal era el poder de estos seres, que cuando el último de ellos fue cazado, una lluvia de alquitrán anegó todos aquellos lugares que un día habían sido purificados con sus divinas presencias. Aún queda gente en la aldea que piensa que el último de ellos sobrevive escondido más allá de los bosques, en la espesura de la tundra. Tras las montañas de hielo. Lejos de la mano humana que un día rozó su extinción.
Uno de los placeres que puedes permitirte cuando dispones de muchas horas de ocio es 










... y entonces, apretando fuertemente aquel trozo de hielo que había recogido de entre la nieve, comenzó a entenderlo. Viendo como lentamente caían las gélidas gotas desde su mano desnuda hasta chocar con el suelo, comprendió que no era ella la que estaba realmente derritiendo el hielo, sino que era aquel fragmento de frío cristal el que se estaba convirtiendo en agua para dejarle helada la mano...
Yo no sabría decirlo tan bien como lo dice 


Es lo malo que tienen los procesos febriles. Me han tenido catatónico casi toda la jornada, y cuando llega la hora de rendirle cuentas a Morfeo, me sumo en un profundo estado de ensoñación que mantiene alerta mis sentidos y aumenta la parte de mí que queda de sensible. Disculpa pues. Mañana me arrepentiré de esto. De eso estoy seguro. Mañana me arrepentiré. ¡Ya lo tengo! Le echaré la culpa a la fiebre del delicioso delirio.





Del corazón de Buenos Aires nos llegó ya hace algunos años un tal 